Santiago se despide del muchacho al amanecer y se adentra en el mar, solo en la pequeña barca, escuchando las voces de los pescadores de tiempos viejos como él. Los aparejos de pesca y el manejo del esquife centran su atención ahora: el viento, la corriente, los consejos de las aves guiñándole dónde hay pesca y puede echar el sedal… con la ilusión de acabar con 84 días de mala racha.

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