ella-fitzgerald

El Sr. Saqman y yo teníamos en EGB un profesor que decía que la vida era como una sardina que había que comerse entera, con espinas y todo. Decía que hay gente que se come primero la carnita tierna y deja las espinas para el final. Mala táctica. Lo ideal es ir alternando las espinas con la carne,  ir pasando los malos tragos poco a poco, rodeándolos de buenos momentos. Las personas tenemos la habilidad de destacar los mejores momentos de nuestra vida, y de alguna manera los agrandamos mitigando los malos. Puede ser por la extraña manía de rodear los recuerdos de cierta melancolía por la cual añoramos lo que no tenemos, lo que perdemos y ya pasó, pensando que era estupendo. Así digerimos mejor las espinas, o nos da esa impresión.

Se ve que Ella Fitzgerald se tragó casi todas las espinas al principio. Nace en Virginia en un ambiente humilde. Siendo muy niña su padre las abandona a ella y a su madre, por lo que se trasladan a Nueva York y pasan a vivir con el nuevo novio de ésta. Allí tienen otra hija, pero un accidente de tráfico en el cual muere su madre y las sospechas de abuso por parte de su padrastro separa a las hermanas, viviendo Ella con su tía y su hermana Frances con el padre. La muerte de éste, debida a un ella2ataque cardíaco, vuelve a juntar a las hermanas poco tiempo después. El resultado de este ambiente desarraigado es absentismo escolar y problemas policiales, con continuos ingresos en reformatorios y sus consiguientes escapadas de éstos y del propio hogar.

Siempre suelo llevar, consciente o inconscientemente, algún tema en la cabeza, algún fragmento de alguna pieza o canción, o simplemente, una melodía o ritmo que se repite, a veces machaconamente, mientras realizo cualquier actvidad. En momentos de estrés, ese ritmo se acelera, creando un bucle que acentúa el estado de nerviosismo y que no puedo eliminar a no ser que encienda la radio o ponga algún disco que me libere de esa presión. Otras veces, simplemente me paro y recuerdo algún fragmento de otra música que me ayude en esa situación. Sólo en algunas ocasiones ese fragmento que se “crea” inconscientemente me resulta interesante e intento retenerlo o escribirlo en un trozo de papel.

No puedo evitar imaginarme a Ella saltando algún muro o descolgándose de una ventana y corriendo sola en mitad de la noche con la única compañía de algún tema de sus admiradas “Boswell Sisters” dando vueltas en su cabeza, sin poder predecir que realmente ése iba a ser el  medio por el cual iba a poder escaparse de la continua encerrona en que se había convertido su vida: la música. Y es que en su mirada y en el tono de su voz pueden apreciarse a la vez la grandeza y  la humildad de alguien que conoce la dureza de la vida. Una humildad que sólo la convierte en una diva subida en un escenario y que le permite afrontar con honestidad y sinceridad los eternos y recurrentes temas de amor y desamor, de alegría y de pena que siempre se han desarrollado en las canciones.

ella1No sé por qué, pero siempre me la he imaginado como una madre cariñosa y tierna, con una sonrisa siempre dispuesta y tarareando una nana a su hijo. No me preguntéis.

Una larga carrera llena de éxitos, abordando muy diferentes géneros y siempre con una asombrosa solvencia, le permitieron disfrutar de la ternura de la carne, y sólamente la espina final de una diabetes que le costó la pérdida de la vista y las piernas, pudieron amargar sus últimos años.

Tenéis muchas páginas de consulta para conocer datos de su carrera: estilos abordados, discografía, músicos con los que trabajó, premios, etc. Buscaros la vida. Aquí sólo os dejo las palabras que le dedicó Duke Ellingston, que aparece completamente embelesado en la foto de en medio: “Ella Fitzgerald está más allá de cualquier categoría”.

Anuncios