Aquella tarde Don Matías entró con una caja de zapatos debajo del brazo. Colgó su abrigo, colocó la caja encima de su mesa y nos dijo: “Hoy vamos a aprender cómo son los pájaros. Acercaros”.

Fuimos rodeando la mesa del profesor mientras él sacaba con cuidado un gorrión muerto de la caja y extendía sus alas sobre la mesa: “Mirad, estas son sus alas, se mueven de esta manera para volar. ¿Veis bien? Sus garras también se abren así para posarse en las ramas y sujetarse fuerte. El pico… los ojos… ¿veis qué plumitas tan finas? Ahora abro con cuidado… el corazón, los pulmones, el aparato digestivo…”

Juanillo, al que decíamos “el cateto” porque vivía en el campo con su abuelo (era huérfano desde chico y vivía un poco en su mundo…), se separó del grupo y caminó hacia la ventana. Miraba extrañado hacia la avenida, el parque…

-Juanillo -dijo Don Matías-, ¿qué haces?

-Maestro, eso no es un pájaro.

-Claro que es un pájaro. Tiene sus alas, sus patitas, sus plumas, el piquillo…

-¡Mire, mire! -interrumpió nervioso mientras señalaba con el dedo un punto negro que cruzaba lejos entre los árboles del parque- ¡Eso es un pájaro!

pájaro

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